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No fue una noche de fuegos artificiales. Fue algo más útil que eso: fue una noche de oficio.
Tigres UANL eliminó este martes a Nashville SC en el Estadio Universitario de Monterrey con un gol de Juan Brunetta al minuto 67, suficiente para cerrar la serie 2-0 en el marcador global y meterse a la final de la Concacaf Champions Cup. El rival en la final, que se jugará el 30 de mayo, saldrá del duelo entre Toluca y LAFC, que se define mañana miércoles en el Nemesio Diez.
El resultado fue discreto en números, contundente en mensaje.
Lo que pasó en la cancha
Durante más de una hora, el partido fue exactamente lo que Tigres necesitaba que fuera: controlado, sin sobresaltos, sin darle a Nashville el tipo de partido que el equipo visitante requería para remontar. Los de Monterrey llegaban con la ventaja del 1-0 de la ida y la administraron sin drama.
El gol llegó desde una jugada de calidad individual. Ángel Correa, ex del Atlético de Madrid, recibió el balón por la izquierda, se deshizo de su marcador con un recorte y rodó un pase preciso al interior del área. Brunetta lo esperaba, engañó a la defensa con un amague y fusiló el arco sin contemplaciones. Tiro al ángulo, portero sin opciones, partido liquidado.
Lo que siguió fue administración pura. Tigres no buscó el segundo ni el tercero. No lo necesitaba.
Nashville llegó, pero no registró
El dato que mejor resume la noche de los visitantes es este: Nashville no registró un solo tiro a puerta en todo el partido.
Eso tiene peso si se considera quién es Nashville en este momento. El club de Tennessee lidera la Conferencia Este de la MLS con cuatro puntos de ventaja sobre sus perseguidores, y llegó a estas semifinales habiendo eliminado nada menos que al Inter Miami de Lionel Messi en los cuartos de final. No era un rival menor ni un equipo sin recursos.
Pero en Monterrey no encontró el partido. Tigres le negó los espacios, le administró el juego y lo despidió sin que el portero regiomentano tuviera que hacer una sola intervención comprometida.
Por qué esto importa más allá del marcador
El futbol mexicano lleva un tiempo viviendo entre dudas legítimas y autocrítica constante. La Selección Nacional, los resultados en torneos de selecciones, el nivel del torneo local: hay conversaciones que no cierran fácil y que generan más memes que certezas.
En ese contexto, una noche como la de Tigres no resuelve todo, pero sí dice algo: la Liga MX tiene equipos capaces de manejar eliminatorias internacionales con solvencia, de neutralizar a rivales físicos y organizados, y de avanzar a finales de Concacaf sin que parezca un accidente.
Tigres va por su segundo título en el torneo regional. El primero fue en 2020. Si el rival en la final es Toluca, la final será completamente mexicana. Si es LAFC, el duelo tendrá el atractivo del cruce entre ligas.
De cualquier manera, el 30 de mayo hay final. Y Tigres estará ahí.
Fuentes: AFP / Associated Press
