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Diego, Alonso y Juan Pablo viajaron a Mazatlán a medirse con estudiantes de todo el país. Volvieron con algo mejor que un trofeo: una idea más clara de lo que pueden hacer.
Cuarenta y ocho horas. Un sitio desconocido. Compañeros de equipo que nunca habían visto. Y un reto concreto: diseñar una propuesta urbana para integrar el Estero de Urías, una zona costera golpeada por décadas de crecimiento industrial desordenado, con dos comunidades de Mazatlán: La Lagunilla y Santa Fe.
Esas fueron las condiciones del 37º Encuentro Nacional de Estudiantes de Arquitectura, organizado por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Y en ese escenario, tres estudiantes de la Facultad del Hábitat de la UASLP, Diego Cordero Ayala, Alonso Esaú Rosas Saldaña y Juan Pablo Pérez Humara, no solo aguantaron el ritmo: se llevaron dos primeros lugares a casa.
Los premios, porque sí importa nombrarlos
Diego Cordero obtuvo el primer lugar en Expresión Gráfica durante la etapa por equipos. No es un reconocimiento menor: en arquitectura, comunicar bien una idea puede ser tan importante como tenerla. Un proyecto que no se entiende visualmente difícilmente existe para el cliente, para el jurado o para la ciudad.
Alonso Rosas ganó el primer lugar en Propuesta Integral durante la etapa individual, categoría que reconoce la solidez conceptual, el equilibrio técnico-constructivo y la capacidad real de diseño arquitectónico. En términos simples: el premio al proyecto más completo de principio a fin.
Dos primeros lugares. Una universidad del centro del país. Un encuentro nacional con participantes de distintas instituciones de México. No está mal para un par de días de trabajo bajo presión.
El reto que les tocó resolver
El Estero de Urías no es un problema sencillo. Es una franja costera marcada por años de actividad industrial, crecimiento urbano desordenado y comunidades que han quedado desconectadas de mejores condiciones de espacio público, movilidad e integración territorial.
El reto del encuentro era diseñar un Centro Ciudadano para la Sustentabilidad y proponer cómo vincular urbanamente ese territorio con la vida cotidiana de quienes habitan La Lagunilla y Santa Fe.
No había una respuesta única. Había que imaginarla en dos días, con equipos recién formados, en una ciudad que para muchos era territorio nuevo.
Eso, en el fondo, se parece bastante a la vida profesional de un arquitecto: llegar a un problema complejo, escuchar el contexto, leer el espacio y proponer algo que no solo se vea bien, sino que pueda tener sentido para quienes lo van a vivir.
Lo que no cabe en el diploma
Los estudiantes coincidieron en que la experiencia les permitió conocer otras formas de entender la arquitectura. Cada escuela tiene sus métodos, sus prioridades, sus manías y sus maneras de resolver el espacio. Ponerlas a dialogar en un mismo reto, durante 48 horas, produce un aprendizaje difícil de replicar en el aula.
“Más allá de la competencia, fue una oportunidad para dialogar, contrastar ideas y fortalecer nuestra formación”, compartieron los jóvenes universitarios.
También lanzaron una invitación a otros estudiantes: involucrarse en este tipo de experiencias, porque enriquecen la formación profesional y permiten poner a prueba lo aprendido frente a problemas reales.
El 37º Encuentro Nacional de Estudiantes de Arquitectura se realizó en Mazatlán, Sinaloa. Para la UASLP, el resultado fue claro: talento hay. Y cuando se le pone frente a un reto nacional, también responde.
