En San Luis Potosí, hablar de abandono de personas vulnerables no puede reducirse solo a endurecer castigos. También obliga a mirar una realidad incómoda: miles de familias cuidan prácticamente solas a personas adultas mayores, con discapacidad, enfermas o postradas, sin una red pública suficiente que las acompañe.
Redacción SondaRed · San Luis Potosí · Mayo 2026
La regidora capitalina por Movimiento Ciudadano, Adriana Urbina Aguilar, advirtió que el estado enfrenta una crisis silenciosa en materia de cuidados y consideró insuficiente que las autoridades fortalezcan únicamente las sanciones penales contra el abandono, sin construir políticas públicas que atiendan las causas de fondo.
Su postura surge después de que se anunciara el fortalecimiento de la actuación del Ministerio Público para investigar de oficio casos de abandono de personas adultas mayores, personas con discapacidad, niñas, niños y otros grupos en situación vulnerable.
Urbina reconoció que investigar estos casos representa un avance en materia de acceso a la justicia y protección de derechos humanos. Sin embargo, señaló que el problema no puede seguirse abordando únicamente desde una visión punitiva.
El punto central: perseguir penalmente a quienes abandonan a una persona vulnerable puede atender las consecuencias más graves del problema, pero no resuelve las condiciones estructurales que lo originan.
En el fondo, dijo, hay familias agotadas, cuidadoras sin apoyo, falta de centros de día, ausencia de redes comunitarias, escasos programas públicos y una carga emocional, física y económica que suele recaer principalmente en mujeres.
El punto es delicado: nadie puede justificar el abandono. Pero tampoco se puede ignorar que muchas personas cuidadoras viven al límite, sin capacitación, sin descanso, sin respaldo económico y sin servicios suficientes para compartir una responsabilidad que debería ser social, no exclusivamente familiar.
Cuidar también cansa, aunque casi nunca se diga
Durante años, el trabajo de cuidados ha sido invisibilizado y feminizado. Son madres, hijas, esposas, hermanas o abuelas quienes, en muchos casos, asumen jornadas completas de atención sin salario, sin reconocimiento y sin protección institucional.
Cuidan cuerpos, medicinas, alimentos, citas médicas, crisis emocionales, traslados y necesidades diarias, mientras el Estado aparece tarde, poco o solo para sancionar cuando todo colapsa.
San Luis Potosí ya reconoció constitucionalmente el derecho de todas las personas a cuidar, ser cuidadas y al autocuidado. Pero ese reconocimiento, por sí solo, no cambia la vida de una familia si no viene acompañado de presupuesto, instituciones, servicios, personal capacitado y programas concretos.
En corto
- Se plantea que castigar el abandono no basta si no existen redes públicas de cuidado.
- La carga de cuidados suele recaer principalmente en mujeres y familias sin apoyo suficiente.
- San Luis Potosí ya reconoce el derecho a cuidar, ser cuidado y al autocuidado.
- El reto es pasar del reconocimiento legal a servicios, presupuesto e instituciones reales.
Por eso, Urbina llamó a avanzar hacia la consolidación de un Sistema Estatal de Cuidados, capaz de articular infraestructura, apoyos comunitarios, programas públicos, servicios especializados y acompañamiento para quienes requieren cuidados y para quienes los brindan.
La discusión importa porque el abandono no siempre aparece de un día para otro. A veces llega después de años de agotamiento, pobreza, soledad institucional y falta de alternativas. Cuando una persona cuidadora colapsa, no se trata únicamente de una falla individual: también puede ser síntoma de una omisión estructural.
Opinión SondaRed: sancionar el abandono puede ser necesario, pero prevenirlo exige algo más complejo: servicios, acompañamiento, descanso, capacitación, apoyo económico y una política pública que deje de tratar el cuidado como asunto privado.
La pregunta de fondo es si San Luis Potosí quiere enfrentar la crisis de cuidados solo desde el castigo o si está dispuesto a construir un modelo de corresponsabilidad.
Una sociedad que criminaliza el abandono, pero no construye condiciones reales para cuidar, termina dejando solas precisamente a las personas que dice proteger.
