📍 Ciencia | SondaRed
Entender un virus no siempre empieza en un microscopio. A veces también pasa por simulaciones, principios de la física y preguntas que suenan raras hasta que abren camino a nuevas vacunas. Eso está haciendo la UASLP con el chikungunya.
La Universidad Autónoma de San Luis Potosí participa en una colaboración científica internacional con especialistas de la University of California, Riverside y Indiana University Bloomington para estudiar el comportamiento del virus de chikungunya desde un enfoque poco común: combinando física, biología y virología.
El proyecto, encabezado en la UASLP por el doctor Mauricio Comas García, investigador de la Facultad de Ciencias, derivó en la aceptación de un artículo científico en la revista ACS Infectious Diseases, una publicación especializada en el estudio de enfermedades infecciosas.
La idea, como el propio investigador reconoce, suena “un poquito loca”: entender un patógeno a través de principios de la física. Pero ahí está justamente lo interesante. La ciencia no siempre avanza repitiendo las mismas preguntas con las mismas herramientas. A veces necesita mirar un virus como si también fuera una estructura física: algo que tiene rigidez, forma, resistencia y partes que pueden alterar su comportamiento.
Ver al virus como estructura, no solo como amenaza
De acuerdo con el investigador, el estudio permitió identificar la función de ciertos azúcares presentes en la estructura del virus. Estos componentes, explicó, ayudarían a que las partículas virales sean más rígidas.
Dicho de forma sencilla: no se trata solo de saber que el virus existe o que puede causar enfermedad. Se trata de entender cómo está armado y qué elementos de su estructura pueden hacerlo más estable, más resistente o más capaz de infectar.
Ese hallazgo podría abrir nuevas rutas para el diseño de vacunas, al explorar la posibilidad de provocar errores controlados en el virus para reducir su capacidad infecciosa.
La palabra clave es “podría”. No se trata de anunciar una vacuna inmediata ni de vender una cura en puerta. Se trata de investigación básica y aplicada que ayuda a entender mejor al virus y que, eventualmente, puede contribuir al desarrollo de nuevas estrategias de prevención.
Y eso también importa. Porque las soluciones médicas no aparecen de la nada: antes hubo años de preguntas, experimentos, simulaciones, ensayos, errores y colaboración entre muchas personas.
Ciencia que cruza fronteras
La colaboración nació durante un congreso realizado en Italia en 2023, donde el doctor Comas García compartió dudas sobre cómo resolver algunos aspectos del proyecto. A partir de ahí se articuló el trabajo con especialistas de universidades estadounidenses y con estudiantes de posgrado de México y Estados Unidos.
El investigador lo resumió con una frase clara: “La ciencia no se puede hacer sola”.
Y tiene razón. En proyectos como este participan físicos, químicos, biólogos, ingenieros, virólogos y estudiantes que aportan herramientas distintas para entender un fenómeno complejo. Mientras unas personas trabajan con simulaciones computacionales, otras realizan experimentos o analizan el comportamiento del virus desde su campo específico.
Ese cruce de disciplinas es parte del valor de la investigación. Porque un virus no entiende de fronteras académicas. No se comporta de una forma para la biología y de otra para la física. Es un sistema complejo, y para entenderlo mejor hace falta mirarlo desde varios ángulos.
La investigación también abre nuevas preguntas sobre virus similares y sobre la relación entre ciertos componentes estructurales y la gravedad de las enfermedades que provocan. Según explicó Comas García, algunas variantes que afectan a caballos y pueden ser mortales carecen de esos azúcares, por lo que ahora se analiza cómo esa ausencia podría favorecer mutaciones o modificar la capacidad del virus para propagarse.
San Luis también hace ciencia global
Uno de los puntos más valiosos de esta historia es que la UASLP no aparece como espectadora, sino como parte activa de una red internacional de investigación.
El proyecto ha permitido consolidar una línea de estudio sobre chikungunya dentro de la Universidad, con participación de estudiantes de doctorado, maestría y licenciatura. Eso significa formación científica, experiencia internacional y desarrollo de capacidades locales en un tema que tiene impacto en salud pública.
Porque cuando se habla de ciencia en México, a veces se piensa solo en grandes centros de investigación lejos de aquí. Pero San Luis también tiene laboratorios, investigadoras, investigadores y estudiantes haciendo preguntas importantes.
Y este caso lo demuestra: desde la UASLP se participa en ciencia capaz de dialogar con universidades de Estados Unidos, publicarse en revistas especializadas y aportar al conocimiento global sobre enfermedades infecciosas.
El chikungunya no es un tema menor. Es un virus transmitido por mosquitos que puede provocar fiebre, dolor articular intenso y afectaciones que, en algunos casos, se prolongan. Entender mejor su estructura y comportamiento no es curiosidad académica aislada: es parte del camino para enfrentar enfermedades que afectan a poblaciones reales.
La ciencia puede sonar lejana cuando se habla de partículas, simulaciones o azúcares virales. Pero al final, esas preguntas técnicas tienen un propósito muy concreto: entender mejor cómo funciona un patógeno para imaginar mejores formas de prevenirlo.
San Luis no solo está mirando cómo avanza la ciencia en otros países.
También está participando en ella.
Y eso, en tiempos donde la salud pública necesita más conocimiento y menos ocurrencias, sí vale la pena contarlo.
Fuente: Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

