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El Verano de la Ciencia UASLP 2026 reúne a 580 estudiantes y 332 investigadores durante seis semanas de trabajo académico, investigación e innovación en distintos campus universitarios.
La ciencia no empieza únicamente en los grandes laboratorios ni cuando alguien recibe un premio internacional. También empieza cuando cientos de estudiantes se acercan por primera vez a una pregunta de investigación, a un proyecto real y a la posibilidad de descubrir que el conocimiento no está tan lejos como parece.
Este 8 de junio, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí inauguró la edición número 32 del Verano de la Ciencia UASLP, un programa que este año reúne a 580 estudiantes: 460 en modalidad presencial y 120 de manera virtual desde los campus de Tamazunchale, Ciudad Valles, Rioverde, Ciudad Fernández, Matehuala y Salinas.
Durante seis semanas, las y los participantes trabajarán junto a investigadoras e investigadores de la universidad en proyectos reales de investigación, innovación y desarrollo tecnológico. No se trata solo de asistir a conferencias o escuchar discursos bonitos sobre el futuro: la idea es que las y los jóvenes se involucren directamente en la forma en que se construye el conocimiento.
La edición 2026 cuenta con la participación de 332 investigadores e investigadoras de la UASLP, además de mantener vínculos académicos con la Universidad Autónoma de Yucatán. El programa se desarrollará del 8 de junio al 17 de julio y contempla actividades complementarias sobre inteligencia artificial, ciencia, tecnología, deporte y cultura, incluso con un guiño al ambiente mundialista mediante el espacio “FanFest, Fútbol, Ciencia y Sociedad”.
Una puerta de entrada a la investigación
Durante la inauguración, realizada en el Auditorio del Centro de Emprendimiento e Innovación, el secretario de Investigación y Posgrado de la UASLP, Amaury de Jesús Pozos Guillén, destacó que el Verano de la Ciencia nació con la intención de abrir las puertas de la investigación a los estudiantes.
La frase suena institucional, sí, pero el fondo importa: acercar a jóvenes de distintas carreras y campus al trabajo científico puede marcar una diferencia real en sus trayectorias. A veces una estancia, una pregunta, una práctica o una conversación con un investigador basta para que alguien descubra una vocación que no sabía que tenía.
También participó la directora general del Consejo Potosino de Ciencia y Tecnología, Rosalba Medina Rivera, quien destacó que este programa se ha consolidado como una política pública de largo alcance para fomentar vocaciones científicas a nivel licenciatura. Además, subrayó la importancia de impulsar la participación de mujeres en áreas relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
El rector de la UASLP, Alejandro Javier Zermeño Guerra, señaló que la ciencia se genera día a día y que esa ciencia también la hacen los jóvenes. En ese sentido, invitó a las y los participantes a aprovechar la experiencia para aprender, colaborar y construir redes académicas que puedan acompañarlos en su desarrollo profesional.
Ciencia, complejidad y jóvenes haciendo preguntas
Como parte de la inauguración, se presentó la conferencia magistral “Ciencia y Complejidad”, impartida por Alejandro Frank Hoeflich, investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM, quien habló sobre la importancia de abordar los grandes desafíos contemporáneos desde perspectivas interdisciplinarias.
El mensaje resulta pertinente: los problemas actuales rara vez caben en una sola materia, una sola carrera o una sola oficina. Cambio climático, salud, inteligencia artificial, movilidad, agua, energía, educación y desigualdad requieren miradas cruzadas. Y justo ahí programas como el Verano de la Ciencia pueden funcionar como una primera sacudida para que las y los estudiantes entiendan que investigar no es memorizar respuestas, sino aprender a hacer mejores preguntas.
También se presentó la iniciativa radiofónica “Ciencia, luego existo”, a cargo de Gabriela Hernández Nieto, directora de Radio y Televisión UASLP, con el objetivo de acercar la divulgación científica a la comunidad universitaria y al público en general.
El comité organizador del Verano de la Ciencia está integrado por representantes de 29 entidades académicas de la universidad, lo que muestra el tamaño del esfuerzo institucional detrás del programa.
En tiempos donde la ciencia suele aparecer en la conversación pública solo cuando hay crisis, emergencias o debates llenos de ruido, también vale contar cuando cientos de jóvenes deciden acercarse a ella antes de que el mundo les exija soluciones urgentes.
Formar vocaciones científicas no es un lujo académico. Es una apuesta a futuro. Y si 580 estudiantes están dispuestos a dedicar seis semanas de su verano a investigar, preguntar y aprender, quizá ahí hay una buena noticia que no conviene dejar pasar.

