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Un nuevo informe de UCLA pone en números algo que pocas veces se dice tan claro: la migración mexicana no es una carga para Estados Unidos. Es uno de sus motores económicos más grandes.
Hay una paradoja que vale la pena nombrar desde el principio: los 38 millones de personas de origen mexicano que viven en Estados Unidos generaron, en 2024, una riqueza equivalente a la octava economía más grande del mundo. Más que Brasil. Más que Canadá. Más, incluso, que el propio México.
Y sin embargo, el gobierno de Donald Trump los deporta.
Eso es lo que documenta un nuevo informe publicado esta semana por Raúl Hinojosa Ojeda, investigador de la Universidad de California en Los Ángeles, quien lleva treinta años estudiando la relación económica entre México y Estados Unidos. Los números que presenta no son estimaciones optimistas ni propaganda migratoria. Son cifras construidas con modelos del Peterson Institute for International Economics y datos del INEGI mexicano. Son, en pocas palabras, difíciles de rebatir.
¿De qué tamaño es ese aporte?
Para que los números tengan sentido, conviene ponerlos en perspectiva.
Los 38 millones de residentes de origen mexicano en Estados Unidos —nacidos allá o acá, documentados o no— generaron colectivamente 2.27 billones de dólares en actividad económica durante 2024. Eso equivale al 11 por ciento de toda la economía estadounidense. O, si se prefiere una comparación más visual: es más que el PIB completo de México, que en ese mismo periodo rondó los 1.8 billones de dólares.
Si se amplía el lente y se suma a toda la población latina en Estados Unidos, el número sube a 4.2 billones de dólares. Una cifra equivalente a la economía de Alemania, cuarta potencia mundial.
Dentro de ese total, los migrantes nacidos en México, tanto los que tienen papeles como los que no, aportaron 792 mil millones de dólares. El resto lo generaron las generaciones nacidas ya en suelo estadounidense, hijos y nietos de mexicanos que hoy trabajan, consumen, pagan impuestos y construyen riqueza en ese país.
¿Qué tiene que ver esto con la vida diaria?
Mucho. Aunque los billones de dólares suenen abstractos, detrás de cada uno hay decisiones concretas que afectan a familias reales, incluyendo a las de San Luis Potosí.
Las remesas son el vínculo más directo. En 2024, México recibió más de 60 mil millones de dólares en remesas, la gran mayoría enviadas desde Estados Unidos. Ese dinero no va a fondos de inversión ni a cuentas bancarias de corporativos: llega a las mesas de familias en la Huasteca potosina, en el Altiplano, en colonias populares de la capital. Paga despensas, colegiaturas, medicamentos y materiales de construcción. En muchas comunidades rurales del estado, las remesas son literalmente el ingreso principal.
Hinojosa propone algo que podría cambiar esa dinámica de manera significativa: canalizar hasta el diez por ciento de las remesas hacia inversión productiva, a través de instrumentos como los Cetes mexicanos, que actualmente ofrecen rendimientos de alrededor del diez por ciento anual. Países como India, China e Israel ya lo hacen. El resultado sería un fondo de hasta seis mil millones de dólares anuales disponibles para invertir en las zonas que más expulsan migrantes, generando empleo local y reduciendo el incentivo de cruzar la frontera.
Es decir: usar el dinero que los migrantes ya mandan para que, eventualmente, haya más razones para quedarse.
El argumento que Trump ignora
Una de las ideas más llamativas del informe tiene que ver con los migrantes indocumentados, precisamente el grupo que la política de deportaciones masivas tiene en la mira.
Los aproximadamente cuatro millones de mexicanos sin documentos que viven en Estados Unidos contribuyen con 36 mil millones de dólares anuales en impuestos. De ese total, 14 mil millones van a programas sociales como el Seguro Social y Medicare, a los que esas mismas personas jamás podrán acceder porque su estatus migratorio se los impide. Pagan al sistema. No reciben nada del sistema.
Si en lugar de deportarlos se les regularizara, dice Hinojosa, el efecto sería lo opuesto a lo que Trump argumenta: no habría una carga adicional para el erario estadounidense, sino quince mil millones de dólares más en impuestos cada año, salarios más altos para todos los trabajadores del sector y menos espacio para patrones que hoy abusan precisamente de la vulnerabilidad de los trabajadores sin papeles.
“La regularización no es un favor a México”, escribe el investigador. “Es un auge económico masivo para Estados Unidos.”
Lo que se perdió por no hacerlo bien desde el principio
El informe también mira hacia atrás, y lo que ve no es alentador.
Cuando México y Estados Unidos firmaron el Tratado de Libre Comercio en los años noventa, el acuerdo contemplaba el movimiento de mercancías y capitales, pero no el de personas. No hubo canales formales para la migración documentada. No hubo inversión coordinada en infraestructura o desarrollo humano en las regiones más pobres de México, las mismas que después expulsaron millones de personas hacia el norte.
Esa omisión tuvo un costo enorme. Los modelos económicos de Hinojosa proyectan que, si se hubiera hecho bien desde entonces, el PIB de la comunidad de origen mexicano en Estados Unidos sería hoy casi un billón de dólares mayor. Y el PIB de México sería el doble de lo que es actualmente.
Treinta años de oportunidad desperdiciada. Y ahora, en lugar de corregir el rumbo, la política vigente apuesta por la deportación masiva, lo que el investigador describe sin rodeos como “el peor desastre económico autoinfligido, probablemente aún peor que la guerra comercial”.
Lo que esto significa para México y para San Luis Potosí
Cuando se habla de migración en los medios nacionales o internacionales, el debate suele centrarse en la frontera: las imágenes de personas cruzando el desierto, los operativos, los muros. Pero hay una dimensión de esa historia que casi nunca aparece en los titulares: la de las familias que se quedaron aquí y que viven, en parte, gracias al trabajo de alguien que se fue.
San Luis Potosí tiene una tradición migratoria larga y profunda. Municipios enteros del Altiplano y la Huasteca tienen economías que dependen estructuralmente de lo que llega de Texas, California o Illinois. Cada decisión de política migratoria en Washington se traduce, tarde o temprano, en más o menos dinero en esas comunidades.
Por eso este informe importa más allá de la academia. No es solo un debate entre economistas sobre modelos y proyecciones. Es la descripción, en números, de algo que millones de familias mexicanas saben perfectamente bien sin necesitar un estudio de UCLA: que alguien de su casa se fue al norte, que trabaja duro, que manda lo que puede, y que ese dinero sostiene cosas concretas y cotidianas.
Que eso valga 2.27 billones de dólares al año, y que aun así sea tratado como un problema, dice mucho sobre las prioridades del momento.
Fuente: Informe del Centro de Integración y Desarrollo de América del Norte, NAID-UCLA. Investigador principal: Raúl Hinojosa Ojeda. Publicado en La Jornada, mayo de 2026. El informe completo está disponible en naid.ucla.edu.
