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Dos extraterrestres enmascarados arrasan en internet con una guitarra de trastes imposibles. Un muchacho de Ahualulco hizo lo mismo hace más de cien años, pero con un violín y una navaja de rasurar. La rareza musical tiene historia aquí.
Hay un video en YouTube que ya acumula más de trece millones de reproducciones. En él aparecen dos figuras con trajes de lunares, grandes máscaras de papel maché y narices caídas que se balancean al ritmo de una música que suena como si alguien hubiera mezclado jazz, punk y una clase de matemáticas avanzadas. Son Khn y Klek de Poitrine, dos “extraterrestres” de Quebec que dicen tener 333 años y que en los últimos meses han convertido el internet musical en su propio laberinto.
Se llaman Angine de Poitrine, que en francés significa angina de pecho. Y su música, lejos de provocar infarto, parece estar curando algo.
Pero antes de hablar de ellos, hay que hablar de un muchacho de Ahualulco.
El potosino que encontró el sonido que nadie había escuchado
Corría 1895. Julián Carrillo, joven violinista nacido en Ahualulco, San Luis Potosí, estaba en el Conservatorio Nacional estudiando acústica cuando se le metió una pregunta en la cabeza de la que no pudo deshacerse: ¿cuántas partes caben dentro de una sola nota musical?
El piano tiene 88 teclas. Entre una tecla blanca y la siguiente negra hay lo que se llama un semitono. La música occidental lleva siglos operando con doce de esos semitonos, como si el sonido fuera una regla con doce marcas y nada más. Carrillo sospechó que entre esas marcas había infinidad de sonidos que nadie estaba usando. Sonidos más pequeños que un semitono. Sonidos que no tienen tecla, que no tienen nombre, que no existen en ninguna partitura conocida.
Para explorarlos, tomó su violín y empezó a presionar la cuerda en puntos cada vez más precisos. Cuando la precisión requerida superó las capacidades físicas de sus dedos, utilizó el filo de una navaja para continuar. Así, literalmente raspando el instrumento con una hoja de afeitar, encontró lo que llamó el Sonido 13: un treceavo sonido que vive entre los doce tonos establecidos, como si descubriera que entre el do y el do sostenido caben docenas de notas que la música convencional simplemente había decidido ignorar.
El Sonido 13 no solo amplió la paleta musical, sino que también posicionó a Carrillo como una figura pionera en la microtonalidad a nivel mundial. Su trabajo fue reconocido por figuras como Arnold Schoenberg y Edgard Varèse, dos de los compositores más importantes del siglo XX. Incluso fue nominado al Premio Nobel de Física por sus aportaciones teóricas.
Y todo empezó en un cuartito de Ahualulco, con una navaja y una pregunta incómoda.
Ahora volvamos a los extraterrestres
Lo que hace Angine de Poitrine, el dúo quebequés que hoy tiene al internet musical en modo obsesión, tiene un parentesco directo con lo que Carrillo descubrió hace más de cien años, aunque llegaron ahí por caminos muy distintos y con estética completamente opuesta.
El guitarrista del dúo, conocido como Khn, toca un instrumento híbrido de diseño propio: un mástil doble que combina guitarra y bajo, pero con una particularidad que a Carrillo le habría arrancado una sonrisa. Ambos mástiles tienen trastes microtonales, es decir, las divisiones del mango no están en las posiciones convencionales. Las notas que produce ese instrumento no son las notas del piano ni las de ninguna guitarra normal. Son esos sonidos intermedios, esos “entre-notas” que la música occidental dejó fuera del mapa y que un potosino encontró en 1895 raspando las cuerdas de un violín con una navaja.
Aquí conviene hacer una pausa para quien no estudió música y no quiere que esta nota lo deje fuera: imagina que el sonido es como un espectro de colores. La música convencional usa doce colores bien definidos, como si solo pintaras con rojo, azul, amarillo y sus combinaciones básicas. Lo que Carrillo descubrió, y lo que Angine de Poitrine usa hoy, son los miles de tonos intermedios: el naranja que no es naranja sino algo entre naranja y rojo, el verde que tira a amarillo pero no llega, el azul que casi es morado pero tampoco. Esos colores que no tienen nombre pero que existen y cambian completamente cómo se ve el cuadro.
Eso es un microtono. Y es potosino.
Parecidos y diferencias: lo que los une y lo que los separa
Dicho esto, sería inexacto presentar a Angine de Poitrine como los herederos directos del Sonido 13. La conexión es real, pero las diferencias también lo son, y vale la pena explorarlas porque dicen mucho sobre cómo evoluciona la música experimental a través del tiempo.
Carrillo era un científico del sonido. Su propuesta surgió de una obsesión científica y musical por explorar los microtonos, con todo el rigor académico de quien estudió en los mejores conservatorios de México y Europa. Su música era densa, estructurada, pensada para salas de concierto y partituras. Diseñó y mandó construir instrumentos especiales, como pianos y arpas microtonales, capaces de interpretar su música. Era un proyecto total, sistemático, casi arquitectónico.
Angine de Poitrine, en cambio, llegó a los microtonos desde el caos creativo y la irreverencia. Sus temas fusionan influencias que van desde el rock progresivo de los años setenta hasta el jazz experimental, el funk y el punk. No parten de un sistema teórico sino de una búsqueda sonora que mezcla precisión matemática con disfraces de pijama y narices de papel maché. Si Carrillo era el científico que quería demostrar que los microtonos existían, Angine de Poitrine son los que usan esos microtonos para hacer bailar los pies sin que el oyente entienda bien por qué.
Otra diferencia crucial: Carrillo sufrió en vida el rechazo de buena parte del establishment musical. Lo llamaron plagiador y loco revolucionario que acabaría con la precisión de la música. Tardó décadas en ser reconocido. Angine de Poitrine, en cambio, encontró su audiencia en semanas, gracias a un video publicado por una emisora de radio independiente de Seattle que lo puso ante millones de oídos de golpe.
El mundo cambió. La rareza musical ya no necesita esperar tanto.
El video que lo cambió todo
En febrero de 2026, una sesión en vivo grabada durante el festival francés Trans Musicales fue publicada por KEXP, emisora sin fines de lucro de Seattle considerada una de las plataformas más influyentes de la música independiente. El video acumula ya más de trece millones de visualizaciones.
La sección de comentarios de ese video se convirtió en un fenómeno paralelo. “¿De vuelta hoy? Sí, yo también, nos vemos mañana”, escribió un usuario. “El reloj atómico consulta a este baterista para asegurarse de que está en tiempo”, escribió otro sobre la precisión del baterista Klek. Y uno más: “Toma esto, IA”.
Esa última frase dice algo importante. En un momento donde la música generada por algoritmos se vuelve cada vez más omnipresente y difícil de distinguir de la humana, dos personas con máscaras ridículas y trastes imposibles representan lo opuesto absoluto: algo que ninguna máquina habría inventado porque ninguna máquina se habría atrevido a ser tan rara.
Angine de Poitrine se define como una “orquesta mantra-rock dadaísta-pitagórico-cubista”. Actúan como dos extraterrestres hermanos llamados Khn y Klek de Poitrine, de 333 años de edad. Sus trajes los hacen ellos mismos. Sus instrumentos también. Su anonimato es total y deliberado, aunque la especulación sobre quiénes están detrás de las máscaras alimenta otro nivel de mitología alrededor del grupo.
Por qué esto nos importa desde aquí
San Luis Potosí tiene una relación con la rareza musical que pocas ciudades en México pueden presumir. No porque seamos especialmente excéntricos, sino porque uno de los nuestros demostró hace más de cien años que las reglas del sonido no son leyes de la naturaleza sino convenciones humanas, y que se pueden romper con inteligencia, con obsesión y con una navaja de rasurar si hace falta.
Su natal Ahualulco volvió oficialmente a llamarse Ahualulco del Sonido 13, en reconocimiento a su hijo ilustre. Hay un pueblo entero que lleva el nombre de una nota que nadie más había escuchado.
Cuando escuches a Angine de Poitrine, esos sonidos raros que te hacen mover el pie sin que entiendas bien por qué, esos intervalos que suenan casi familiares pero no del todo, piensa que un muchacho de Ahualulco los encontró primero. Que los buscó con una navaja. Que se los tuvieron que reconocer en Europa antes de que México los tomara en serio.
Y que la rareza musical, bien ejecutada, no caduca.
Como escribió un fan en YouTube: “No estropearon internet, lo arreglaron”.
Carrillo lo habría entendido perfectamente.
El video de Angine de Poitrine en KEXP está disponible en YouTube. El Vol. II del dúo está en Spotify. La obra de Julián Carrillo puede escucharse en la Fonoteca Nacional y en el archivo digital del INBA. Ahualulco del Sonido 13 queda a 47 kilómetros de la capital potosina.
Fuentes de referencia: KEXP, YouTube, Fonoteca Nacional, archivo digital del INBA, Periódico El Momento, Xataka, Cultivarte y NVI Noticias Chiapas.

Quien lo diría, de haber nacido en cuna europea, su descubrimiento habría sonado más y más alrededor de la música.