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La literatura no siempre tiene que esperar detrás de un escritorio, en una feria del libro o en una sala del centro de la ciudad. A veces también toma camino, cruza la mancha urbana y llega a donde casi nunca llegan las actividades culturales.
En el marco del Día Internacional del Libro, los escritores locales Alex Roque y Emilio Palomino visitaron la delegación de La Pila para compartir un círculo de lectura con alumnas y alumnos de la comunidad. No fueron a dar una charla desde lejos: se sentaron a leer, conversar y acercar los libros desde un lugar mucho más simple y más poderoso: la presencia.
Durante el encuentro, ambos autores compartieron textos propios, otras obras literarias y reflexiones sobre el acto de leer y escribir. Ese tipo de diálogo —entre estudiantes, libros y autores vivos— no siempre llega a las escuelas fuera del centro de la ciudad, aunque debería.
El acceso a la literatura no tendría que depender de vivir cerca de una librería, una biblioteca bien surtida o una agenda cultural con sede céntrica. Conocer a quienes escriben, escuchar de dónde vienen sus textos y descubrir que la escritura también puede nacer desde lo cotidiano ayuda a desmontar una idea bastante común: que los libros pertenecen a otro mundo.
Actividades como esta, sencillas en su formato pero concretas en su impacto, son las que construyen lectores. No solo con listas de lectura obligatoria, sino con el encuentro directo entre una persona, un texto y alguien que puede contar por qué decidió escribirlo.
Desde la delegación se confirmó que los círculos de lectura continuarán y estarán abiertos a toda la comunidad, no solo a estudiantes.
Porque llevar escritores a La Pila también es una forma de decir que la cultura no debe quedarse esperando a que la gente llegue: también puede salir a buscarla.
