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Cuando una niña, niño o adolescente enfrenta cáncer u otra enfermedad prolongada, la escuela no debería convertirse en otra pérdida. Una iniciativa busca crear aulas hospitalarias en San Luis Potosí para que la salud obligue a pausar muchas cosas, pero no necesariamente el derecho a aprender.
En San Luis Potosí, una iniciativa legislativa busca establecer el Programa Estatal de Aulas Hospitalarias para niñas, niños y adolescentes con cáncer y otras enfermedades de atención prolongada, con el objetivo de reducir el riesgo de rezago o deserción escolar cuando la salud impide asistir regularmente a un plantel.
La propuesta, presentada por la diputada Frinné Azuara Yarzábal, plantea reformar la Ley de Educación del Estado para reconocer el servicio de pedagogía hospitalaria y las aulas hospitalarias como una herramienta de inclusión, continuidad educativa y acompañamiento para estudiantes que atraviesan tratamientos médicos complejos.
Y aquí el enfoque importa: no se trata solo de “llevar clases al hospital” como gesto bonito. Se trata de reconocer que una enfermedad grave puede alterar por completo la vida de una familia: consultas, hospitalizaciones, tratamientos, cansancio, incertidumbre y cambios de rutina. En medio de todo eso, la escuela puede convertirse en un vínculo con la normalidad, con el futuro y con una parte de la vida que no debería desaparecer.
La enfermedad no debería expulsar a nadie de la escuela
De acuerdo con la iniciativa, el programa “Pedagogía Hospitalaria y Aulas Hospitalarias” sería establecido por la Secretaría de Educación en coordinación con la Secretaría de Salud del Estado, para asegurar la continuidad de los estudios de niñas, niños y adolescentes que, por motivos de salud, no puedan asistir de forma regular a la escuela.
La atención sería prioritaria para pacientes con cáncer, aunque también podría aplicarse a otros padecimientos graves, crónicos o de atención prolongada que impliquen hospitalización frecuente, hospitalización prolongada o tratamiento ambulatorio continuo.
La idea central es sencilla, pero poderosa: que una niña o un niño no tenga que elegir —o perder— entre atender su salud y mantenerse dentro del sistema educativo.
El programa contempla instalar y operar aulas hospitalarias en hospitales públicos que atiendan población pediátrica, especialmente aquellos con servicios de oncología pediátrica. También prevé brindar atención educativa no solo en un aula dentro del hospital, sino incluso en cama o mediante modalidades no presenciales, según la condición médica de cada estudiante.
Eso hace una diferencia importante, porque no todos los pacientes pueden moverse, concentrarse igual o cumplir horarios escolares tradicionales. La pedagogía hospitalaria exige adaptarse al estado físico y emocional de cada alumna o alumno-paciente, sin convertir el aprendizaje en una carga más.
No basta con mandar tareas: hace falta acompañamiento real
La iniciativa también plantea asignar personal docente con formación o capacitación en pedagogía hospitalaria, educación inclusiva o educación especial, además de establecer lineamientos de evaluación, acreditación y seguimiento escolar para garantizar que los estudios tengan validez oficial.
Ese punto es clave. Porque si el trabajo educativo dentro del hospital no se reconoce, no se evalúa correctamente o no se articula con la escuela de origen, entonces el esfuerzo puede terminar en buenas intenciones sin efecto real.
El programa también buscaría coordinar acciones con personal médico, trabajo social, psicología y familias, para que el acompañamiento no sea solamente académico, sino integral. Además, propone vincular las aulas hospitalarias con los planteles de origen, de manera que las y los estudiantes puedan reincorporarse al sistema educativo sin cargar con rezagos imposibles de remontar.
En otras palabras: no se trata de llenar cuadernos en una cama de hospital. Se trata de que el Estado, la escuela, el hospital y la familia trabajen juntos para que la enfermedad no borre la trayectoria educativa de una niña, niño o adolescente.
La propuesta también contempla que planteles públicos y privados de educación básica y media superior otorguen facilidades para reconocer actividades, evaluaciones, evidencias de aprendizaje y procesos de regularización de quienes sean atendidos dentro del programa.
Una iniciativa que todavía debe pasar por comisiones
Como toda iniciativa, la propuesta aún debe analizarse y discutirse en comisiones antes de convertirse en una reforma vigente. Por eso, el punto no es venderla como una solución ya operando, sino observar si el Congreso y las instituciones involucradas son capaces de convertir el planteamiento en política pública real, con presupuesto, personal, reglas claras y seguimiento.
Porque el concepto suena bien. Pero las aulas hospitalarias no se sostienen con discursos. Necesitan maestras y maestros capacitados, coordinación con hospitales, materiales, horarios flexibles, criterios pedagógicos, acompañamiento emocional y, sobre todo, continuidad.
Si se aprueba y se implementa bien, San Luis Potosí podría dar un paso importante para proteger el derecho a la educación de niñas, niños y adolescentes que ya enfrentan una batalla enorme en materia de salud.
Y es que, cuando una familia atraviesa una enfermedad grave, la vida se reorganiza alrededor de lo urgente. Pero la educación también es una forma de decirle a esa niña, a ese niño o a ese adolescente: tu vida no se reduce al diagnóstico, tu historia sigue, tu escuela sigue contigo.
Aprender también puede ser una forma de acompañar.
Y en un hospital, donde tantas veces todo gira alrededor de resistir, una libreta, una clase, una maestra o una evaluación flexible pueden significar algo más grande que una calificación.
Pueden significar futuro.
Fuente: Congreso del Estado de San Luis Potosí.

