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La crianza no empieza cuando el bebé ya duerme toda la noche ni cuando la casa vuelve a parecer casa. Una iniciativa plantea ampliar la licencia de paternidad a 12 semanas con goce de sueldo para reconocer algo básico: cuidar también es responsabilidad de los padres.
En San Luis Potosí se presentó una iniciativa para ampliar la licencia de paternidad a 12 semanas con goce de sueldo, con el objetivo de fortalecer la corresponsabilidad en el cuidado familiar, promover condiciones laborales más equitativas y reconocer que la llegada de una hija o hijo no debería recaer únicamente sobre las madres.
La propuesta fue presentada por el diputado Marco Antonio Gama Basarte y contempla reformas a la Ley Federal del Trabajo, la Ley del Seguro Social y la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado. Pero hay que decirlo con claridad: todavía no es una reforma aprobada ni vigente. Si el Congreso del Estado la avala, tendría que enviarse al Congreso de la Unión para su análisis y posible aprobación.
Aun así, el tema ya abre una conversación necesaria. Porque durante años, el cuidado de recién nacidos se ha presentado como una responsabilidad “familiar”, pero en la práctica muchas veces termina siendo una carga profundamente desigual. Las madres suelen enfrentar recuperación física, lactancia, cuidados iniciales, trámites, cansancio extremo y reorganización total de la vida cotidiana, mientras muchos padres regresan casi de inmediato al trabajo, aunque quieran estar presentes.
Y ahí está el fondo del asunto: si se quiere hablar en serio de igualdad, también hay que hablar de tiempo para cuidar.
Cuidar no es “ayudar”: es hacerse cargo
La iniciativa plantea que, por el nacimiento de una hija o hijo, la persona trabajadora que ejerza la paternidad pueda acceder a una licencia de 12 semanas con salario íntegro, contadas a partir del día del nacimiento.
Además, contempla que hasta cuatro de esas semanas puedan disfrutarse de manera diferida dentro de los 12 meses posteriores al nacimiento, siempre que la persona trabajadora lo solicite y exista autorización escrita del patrón. Esto permitiría que el permiso no se concentre únicamente en los primeros días, sino que pueda adaptarse a necesidades reales de cuidado, recuperación, acompañamiento y organización familiar.
La propuesta también incluye casos de adopción. En ese supuesto, la licencia sería de seis semanas con goce íntegro de sueldo, contadas a partir del día en que la niña o niño sea recibido por la familia.
El punto es importante porque la paternidad no se reduce al momento biológico del nacimiento. Cuidar, acompañar, vincularse y construir una nueva rutina familiar también ocurre cuando una niña o niño llega por adopción.
En términos simples: la iniciativa busca que la paternidad deje de verse como visita breve al hospital y se entienda como presencia real en casa.
Más protección en casos delicados
La propuesta también contempla escenarios extraordinarios relacionados con la salud de la madre o de la persona recién nacida. En caso de complicaciones médicas graves que requieran hospitalización o cuidados especiales, la licencia podría extenderse hasta por cuatro semanas adicionales, previa presentación del certificado médico correspondiente.
También se incluye un supuesto especialmente sensible: si la madre fallece durante el parto o dentro de las 12 semanas posteriores, la persona trabajadora que ejerza la paternidad tendría derecho a disfrutar la totalidad del periodo de descanso postparto que le hubiera correspondido a la madre.
El planteamiento reconoce que hay momentos familiares en los que el trabajo no puede actuar como si nada hubiera pasado. Cuando hay hospitalización, complicaciones o una pérdida, la presencia de quien cuida no es un lujo: es parte mínima de la respuesta humana que debería permitir la ley.
La iniciativa también establece que la licencia de paternidad sería un derecho irrenunciable. Es decir, no podría ser condicionada, limitada o sustituida por dinero u otro beneficio. Durante el periodo de licencia, la persona trabajadora conservaría salario íntegro y derechos laborales y de seguridad social.
El debate también será económico y laboral
Como ocurre con este tipo de propuestas, la discusión no será solamente familiar. También entrarán en juego las preguntas laborales, empresariales y de seguridad social: quién paga, cómo se cubren ausencias, qué pasa con pequeñas empresas y cómo se evita que el derecho exista en papel, pero se vuelva difícil de ejercer en la práctica.
En materia de seguridad social, la iniciativa propone que el Instituto Mexicano del Seguro Social cubra un subsidio equivalente al 100 por ciento del último salario diario de cotización durante el periodo de licencia, siempre que se cumplan requisitos como haber cubierto al menos 30 cotizaciones semanales durante los 12 meses previos al inicio del permiso y acreditar el vínculo mediante certificado de nacimiento o resolución judicial de adopción.
Si la persona trabajadora no cumple con el requisito de cotizaciones, la propuesta plantea que correspondería al patrón cubrir el salario íntegro durante el periodo de licencia, conforme a lo establecido por la Ley Federal del Trabajo.
Ahí estará una de las partes más delicadas del debate: cómo hacer que el derecho sea real sin que se convierta en una carga imposible de implementar o en una excusa para discriminar laboralmente a quienes están por formar una familia.
Pero la discusión de fondo no debería perderse entre trámites. La pregunta es más sencilla y más incómoda: ¿queremos padres presentes solo en el discurso o también en la ley?
Porque hablar de corresponsabilidad familiar suena muy bien hasta que llega el momento de poner tiempo, salario y reglas claras sobre la mesa.
La iniciativa fue turnada a comisiones para su análisis y discusión. Todavía falta camino legislativo, debate técnico y voluntad política. Pero el tema ya quedó colocado: cuidar también es trabajo, y la paternidad no debería reducirse a aparecer en la foto del nacimiento y volver corriendo a la oficina.
Si criar es responsabilidad de dos, el permiso también tendría que parecerse más a esa realidad.
Porque una familia no se acomoda en tres días.
Y un bebé no espera a que termine la quincena.
Fuente: Congreso del Estado de San Luis Potosí.

