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En San Luis Potosí, cuidar sigue recayendo principalmente en mujeres. Una consulta municipal sobre cuidados y discapacidad puso sobre la mesa una realidad que muchas familias conocen de cerca: cuidar sostiene la vida, pero también agota, cuesta y casi nunca se reconoce lo suficiente.
El DIF Municipal de San Luis Potosí presentó los resultados preliminares de la Consulta para la elaboración del Reglamento del Sistema Municipal de Cuidados, un ejercicio participativo que reunió las voces de personas cuidadoras y personas con discapacidad para construir una política pública más cercana a sus necesidades reales.
De acuerdo con la información presentada, participaron más de 430 personas en formato presencial y virtual. Entre ellas, se registraron 300 personas cuidadoras, de las cuales el 93 por ciento son mujeres.
Ese dato dice mucho. Porque aunque en el discurso se hable cada vez más de corresponsabilidad, en la práctica el cuidado sigue teniendo rostro de mujer: madres, hijas, abuelas, hermanas, esposas o familiares que organizan su vida alrededor de atender a alguien más.
Y cuidar no es solamente “estar al pendiente”. Cuidar puede significar cargar, bañar, alimentar, acompañar a consultas, administrar medicamentos, traducir trámites, resolver crisis, adaptar espacios, vigilar síntomas, contener emocionalmente y, muchas veces, renunciar a tiempo propio, empleo, descanso o proyectos personales.
Lo que pidieron las personas cuidadoras
La consulta permitió identificar algunas de las principales necesidades de quienes realizan labores de cuidado en San Luis Capital. Entre ellas destacan capacitación en primeros auxilios, cuidados geriátricos, atención relacionada con autismo y síndrome de Down, así como atención multidisciplinaria para quienes cuidan y para quienes reciben cuidados.
La palabra clave aquí es “también”. Porque casi siempre se habla de las personas que requieren cuidado, y con razón. Pero pocas veces se habla de quien cuida: de su salud mental, de su desgaste físico, de su economía, de su cansancio y de la falta de redes de apoyo.
Una persona cuidadora también puede enfermar. También puede necesitar orientación. También puede necesitar descanso. También puede requerir empleo, ingreso, transporte, capacitación y acompañamiento.
La consulta también recogió demandas relacionadas con accesibilidad urbana, inclusión educativa, apoyos económicos y mayores oportunidades laborales. Es decir, el tema no se queda dentro de la casa. Sale a la calle, al transporte, a las escuelas, a los centros de trabajo y a los servicios públicos.
Porque una ciudad que no piensa en cuidados termina obligando a las familias a resolverlo todo solas.
Personas con discapacidad también participaron
Además de las personas cuidadoras, participaron 137 personas con discapacidad, con predominio de discapacidad motriz y visual.
Para garantizar una participación más incluyente, se ofrecieron apoyos como transporte adaptado, boletas en Braille e intérpretes de Lengua de Señas Mexicana. Ese punto es importante porque no basta con decir “la consulta está abierta” si muchas personas no tienen condiciones reales para participar.
La inclusión también se mide en esos detalles: si alguien puede llegar, leer, comunicarse, responder y ser escuchado en condiciones dignas.
Durante la presentación, las personas asistentes pidieron que los resultados no solo sirvan para elaborar un reglamento, sino también para sensibilizar a la población sobre el valor de las labores de cuidado y los recursos que las familias destinan diariamente para realizarlas.
Y ahí está una parte central del problema: cuidar tiene costo, aunque muchas veces no aparezca en una nómina. Cuesta tiempo, dinero, energía, oportunidades y salud. Cuando una familia cuida sin apoyo suficiente, esa carga se distribuye de manera desigual y casi siempre termina sobre los mismos hombros.
El reto: que la consulta no se quede en diagnóstico
El DIF Municipal señaló que las aportaciones recabadas serán fundamentales para construir el Reglamento del Sistema Municipal de Cuidados. La intención es que el instrumento responda a las necesidades reales de las familias potosinas y fortalezca acciones de inclusión y bienestar.
La ruta suena bien. Pero la prueba estará en lo que venga después.
Porque San Luis no necesita solo una consulta bien presentada. Necesita un sistema de cuidados que se traduzca en apoyos concretos, reglas claras, servicios accesibles, coordinación institucional y presupuesto suficiente.
Un reglamento puede ser el punto de partida. Pero si no se convierte en acciones visibles, corre el riesgo de quedarse como otro documento bien redactado sobre un problema que las familias siguen resolviendo como pueden.
El cuidado no es un asunto privado. Es una condición básica para que una sociedad funcione. Alguien cuida a las infancias, a las personas mayores, a quienes viven con discapacidad, a quienes atraviesan enfermedad o dependencia. Y si ese trabajo se invisibiliza, lo que se invisibiliza también es la vida cotidiana que sostiene a miles de hogares.
La consulta municipal deja un mensaje claro: las personas cuidadoras no están pidiendo aplausos. Están pidiendo condiciones.
Y eso cambia la conversación.
Porque cuidar también cansa.
Y una ciudad que reconoce el cuidado tiene que empezar por dejar de tratarlo como si fuera obligación silenciosa de las mujeres.
Fuente: DIF Municipal de San Luis Potosí.

