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En el campo, un envase vacío de agroquímicos no siempre está realmente vacío. Puede quedar con residuos, contaminar agua o suelo, representar riesgo para quienes lo manipulan y convertirse en un problema ambiental si se desecha como si fuera cualquier botella.
Por eso, investigadores de la Facultad de Estudios Profesionales Zona Media de la UASLP desarrollan una Estación Automatizada para Tratamiento de Envases Agroquímicos, un proyecto que busca ayudar a productores agrícolas a cumplir con la normatividad ambiental y reducir el contacto directo con residuos químicos potencialmente peligrosos.
La idea parece sencilla, pero tiene bastante sentido práctico: automatizar el proceso de triple lavado que deben recibir los recipientes de agroquímicos antes de su disposición final. Es decir, que el envase pase por ciclos de limpieza, enjuague y vaciado sin que el agricultor tenga que exponerse de más a sustancias que, aunque ya fueron utilizadas, todavía pueden dejar residuos dañinos.
Porque sí: muchas veces el problema ambiental no empieza con grandes industrias ni con escenas apocalípticas de película. A veces empieza con un envase mal lavado, tirado donde no debe o manipulado sin protección suficiente.
Una solución local para un problema del campo
El proyecto es encabezado por los doctores José Jimmy Jaime Rodríguez, coordinador de la carrera de Ingeniería en Mecatrónica, y Roberto Carlos Martínez Montejano, secretario de Planeación del Campus Rioverde.
De acuerdo con la Universidad, la iniciativa surgió a partir de necesidades planteadas por productores agrícolas de la región, quienes solicitaron al Centro de Investigación y Extensión Balandrán una alternativa para cumplir con las disposiciones oficiales relacionadas con el lavado de recipientes utilizados para agroquímicos.
La estación diseñada por los académicos realizará de manera automática los tres ciclos requeridos: limpiar, enjuagar y vaciar el envase de forma secuencial hasta completar el tratamiento necesario para que pueda ser desechado sin representar un riesgo ambiental.
El procedimiento funcionará mediante un sistema automatizado integrado por tubos, filtros y sensores que controlan el paso del agua y de los líquidos de enjuague. Esto permitiría optimizar recursos, evitar desperdicios y disminuir el contacto directo de las personas con sustancias químicas.
En otras palabras: no se trata solo de inventar una máquina porque sí. Se trata de resolver un problema muy concreto del campo con ingeniería aplicada, de esa que no se queda bonita en el laboratorio, sino que puede terminar instalada donde realmente se necesita.
Prototipo de bajo costo y posible versión portátil
Actualmente, la estación se encuentra en etapa de diseño. La siguiente fase será construir el prototipo, cuyo costo estimado es de seis mil pesos, una cifra relativamente baja si se considera el impacto que podría tener para productores agrícolas y espacios de acopio.
La intención inicial es instalarlo tanto en el Centro de Investigación y Extensión Balandrán como en el Campus Rioverde, para que los agricultores puedan llevar sus envases, realizar el tratamiento correspondiente y, eventualmente, depositarlos en esos puntos para gestionar su confinamiento o reciclaje mediante empresas especializadas.
El proyecto también contempla que la estación sea fácil de usar para cualquier persona. Incluso, los investigadores consideran desarrollar una versión portátil que pueda trasladarse a distintos puntos de producción agrícola o ubicarse cerca de las parcelas.
Ahí está uno de los puntos más interesantes: si la tecnología se queda fija, ayuda; pero si puede moverse hacia donde están los productores, puede volverse mucho más útil. Porque en muchas zonas rurales el reto no es solo tener una solución, sino lograr que esa solución llegue a tiempo, cerca y sin trámites imposibles.
En el desarrollo también participan los estudiantes de Ingeniería en Mecatrónica Evelin Mariel Hernández Aguilar y Raúl Antonio Torres García, quienes colaboran en el diseño y futura construcción del equipo.
Además, parte de los materiales necesarios para el prototipo podrían obtenerse gracias al equipamiento de laboratorios conseguido por estudiantes de Mecatrónica mediante premios en competencias académicas. Es decir, un proyecto académico alimentando otro proyecto académico, pero con salida directa hacia una necesidad social.
La propuesta todavía no está en operación: está en diseño y próxima construcción. Pero si logra validarse y presentarse a productores agrícolas, podría convertirse en una herramienta sencilla para reducir contaminación, mejorar prácticas de manejo de residuos y proteger tanto al ambiente como a quienes trabajan en el campo.
San Luis Potosí suele hablar mucho de innovación cuando se trata de industria, inversión y tecnología. Pero también hay innovación cuando una universidad mira hacia el campo y dice: este problema se puede resolver mejor, más seguro y con menos riesgo para la gente.
Y en una región agrícola, eso no es un detalle menor. Porque cuidar el ambiente no empieza cuando el daño ya es grande; también empieza lavando bien un envase antes de que se convierta en contaminación.
Fuente: Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

