Un grupo de especialistas advierte que el brote reciente de hantavirus Andes obliga a tomar más en serio el riesgo de transmisión aérea, sobre todo en espacios cerrados, hospitales, cuarentenas y transportes.
El hantavirus Andes vuelve a poner sobre la mesa una lección que la pandemia de COVID-19 dejó escrita con letras grandes: cuando existe duda sobre la transmisión por el aire, más vale prevenir que esperar a que el problema se confirme tarde.
De acuerdo con un boletín del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, el doctor Rubén López-Revilla, investigador de la División de Biología Molecular del IPICYT, retomó la alerta publicada por un grupo de especialistas en COVID-19 y otras infecciones de transmisión aérea, quienes señalan que el reciente brote multinacional de enfermedad por hantavirus Andes, vinculado a un crucero, debería cambiar la forma en que la Organización Mundial de la Salud aborda este tipo de riesgos.
La advertencia no significa que el hantavirus Andes se esté comportando igual que el COVID-19 ni que exista un riesgo generalizado para la población. El punto central es otro: ante un virus grave, con antecedentes de transmisión entre personas y evidencia compatible con contagios en espacios cerrados, las medidas de precaución deberían partir de la posibilidad de transmisión aérea, no descartarla de entrada.
Hantavirus Andes y transmisión aérea: la alerta científica
El artículo referido por el IPICYT plantea que la OMS ha mantenido un enfoque basado principalmente en la transmisión por contacto cercano, algo que, según los especialistas, recuerda al error inicial cometido durante la pandemia de COVID-19, cuando se subestimó durante meses el papel de los aerosoles.
El hantavirus Andes, también conocido como ANDV, tiene una característica que lo distingue de otros hantavirus: se ha documentado su transmisión de persona a persona desde hace casi tres décadas. Uno de los antecedentes citados es un brote ocurrido en Argentina en 2018, donde los contagios sugirieron exposición por inhalación de aerosoles respiratorios emitidos por personas infectadas, incluso en eventos sociales concurridos y sin contacto físico directo.
La preocupación aumentó con el brote vinculado al crucero MV Hondius. La Organización Mundial de la Salud reportó que fue notificada el 2 de mayo de 2026 sobre un grupo de casos de enfermedad respiratoria severa en pasajeros y tripulación; el virus fue identificado como hantavirus Andes. La OMS también ha señalado que este virus ha demostrado transmisión limitada entre humanos en brotes previos, generalmente entre contactos cercanos y con exposición prolongada. Fuente: OMS
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades reportó que, al 21 de mayo de 2026, el brote asociado al crucero acumulaba 11 casos, entre confirmados y probables, y que la embarcación permanecía en Rotterdam mientras se realizaban trabajos de saneamiento. Fuente: ECDC
¿Qué medidas proponen los especialistas?
La propuesta de los científicos no es menor: recomiendan que la OMS impulse medidas precautorias para reducir el riesgo de transmisión aérea del hantavirus Andes. Entre ellas se encuentran el uso de mascarillas KN95 o equivalentes para personal de salud y contactos cercanos, la mejora de la ventilación y el uso de filtración HEPA en espacios de cuarentena y transportes cerrados.
La filtración HEPA, por sus siglas en inglés, se refiere a sistemas de alta eficiencia diseñados para retener partículas suspendidas en el aire. En contextos de riesgo respiratorio, este tipo de filtración puede ayudar a reducir la presencia de aerosoles en espacios cerrados, especialmente cuando se combina con ventilación adecuada y control de fuentes de contagio.
El boletín del IPICYT también recuerda que el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomienda aislar a pacientes en habitaciones con protección N95 o superior, mejorar la ventilación sin recirculación y aplicar cuarentenas precautorias. Estas medidas, más allá del debate técnico, reflejan que el hantavirus Andes debe tratarse como una amenaza respiratoria seria mientras no se descarte por completo la transmisión aérea.
En corto:
No se trata de decir que el hantavirus Andes se transmite igual que el COVID-19. Se trata de no repetir la misma falla: minimizar el aire cuando todavía hay razones científicas para investigarlo y prevenirlo.
Para la población general, el mensaje debe leerse con cuidado: no hay motivo para alarmarse ni para asumir un riesgo cotidiano amplio. Pero para autoridades sanitarias, hospitales, tripulaciones, personas en cuarentena y quienes trabajan en espacios cerrados con posibles casos, la advertencia sí es clara: la prevención debe llegar antes que la confirmación tardía.
En salud pública, muchas veces el costo de exagerar una precaución es menor que el costo de llegar tarde. Y si algo dejó claro la pandemia es que el aire no necesita permiso para convertirse en ruta de contagio.
La lección no debería ser el miedo. La lección debería ser la memoria: cuando la ciencia pide ventilación, mascarillas y cautela, conviene escuchar antes de que el brote escriba el resto de la historia.
Fuente: Boletín BOL-IPICYT/12/2026, Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica; Organización Mundial de la Salud; Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades.
