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La Facultad de Medicina de la UASLP mantendrá hasta 2030 su papel como Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud en evaluación de riesgos en salud y salud ambiental infantil. El reto no es menor: llevar ciencia, prevención y atención comunitaria a territorios donde la contaminación y las emergencias ambientales no son teoría, sino parte de la vida diaria.
San Luis Potosí volvió a aparecer en el mapa internacional de la salud pública, pero no por una ceremonia universitaria ni por una medalla para la vitrina. La Universidad Autónoma de San Luis Potosí fue ratificada por la Organización Mundial de la Salud como Centro Colaborador en Evaluación de Riesgos en Salud y Salud Ambiental Infantil, una distinción que importa por lo que puede significar para comunidades expuestas a contaminación, riesgos químicos, cambio climático e infancias vulnerables.
El reconocimiento fue refrendado para el periodo 2026-2030 y mantiene a la Facultad de Medicina de la UASLP dentro de una red internacional de apoyo técnico y científico para acciones estratégicas en salud pública. De acuerdo con la información universitaria, se trata de la única entidad académica del país con esta categoría específica y una de las pocas instituciones mexicanas que conservan vigente una designación como Centro Colaborador de la OMS.
Pero el dato realmente importante no está en el nombramiento, sino en la pregunta de fondo: ¿para qué sirve que una universidad local tenga ese nivel de colaboración internacional?
En este caso, la respuesta apunta hacia problemas concretos: sitios contaminados, seguridad química, toxicología clínica comunitaria, justicia ambiental para las infancias y formación de profesionales capaces de responder ante emergencias ambientales. Es decir, temas que no siempre ocupan titulares, pero que pueden definir la salud de comunidades enteras.
Ciencia local para problemas que no caben en un laboratorio
El doctor Fernando Díaz-Barriga, investigador de la Facultad de Medicina y director del Centro Colaborador, explicó que la OMS solicitó al grupo universitario colaborar en trabajos relacionados con sitios contaminados e infancias en riesgo, con el propósito de mejorar condiciones de salud pública en América Latina.
La ratificación también marca un cambio relevante: por primera vez, según explicó el propio equipo universitario, la OMS permitió que el grupo de la UASLP propusiera las líneas de trabajo que desarrollará durante los próximos cuatro años.
Eso significa que la universidad no solo recibirá una agenda desde fuera, sino que podrá plantear una ruta propia a partir de su experiencia en territorio. Y ahí es donde la historia se vuelve más interesante para San Luis Potosí.
Las nuevas áreas de colaboración estarán enfocadas en seguridad química, toxicología clínica comunitaria, justicia ambiental para las infancias y formación de profesionales en salud. En palabras menos académicas: atender riesgos que pueden aparecer cuando una comunidad vive cerca de contaminación, cuando hay exposición a sustancias peligrosas o cuando una emergencia ambiental rebasa la capacidad de respuesta local.
También participaron en el anuncio la doctora Evelyn Van Brussel, coordinadora del Centro de Información y Atención Toxicológica, así como los investigadores Francisco Javier Pérez Vázquez, Rogelio Flores Ramírez y Mauricio León Arce, adscritos a la Coordinación para la Innovación y Aplicación de la Ciencia y la Tecnología.
El grupo destacó que conservar este reconocimiento durante casi dos décadas refleja la calidad científica del trabajo desarrollado desde la Facultad de Medicina, pero también el impacto social de proyectos enfocados principalmente en poblaciones vulnerables.
Y ese punto es clave: una investigación de este tipo no se mide solo por publicaciones o reconocimientos, sino por su capacidad de llegar a donde más se necesita.
La Huasteca, las infancias y la justicia ambiental
Uno de los anuncios más relevantes fue la instalación del primer centro de investigación comunitario en la Huasteca, operado por mujeres indígenas capacitadas por la propia universidad a través de programas de posgrado.
El proyecto busca atender problemáticas ambientales y sociales desde las propias comunidades, bajo un enfoque de desarrollo, paz y derechos humanos. La línea de trabajo, de acuerdo con los especialistas, ya ha despertado el interés de organismos internacionales como la OMS y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Ahí hay una diferencia importante: no se trata de llegar a una comunidad, tomar muestras, publicar resultados y desaparecer. La apuesta, al menos desde el planteamiento universitario, es formar capacidades locales para que las propias comunidades participen en la identificación, atención y seguimiento de sus riesgos ambientales.
En un estado como San Luis Potosí, donde conviven zonas industriales, regiones indígenas, comunidades rurales, conflictos por agua, contaminación histórica y desigualdades territoriales, hablar de justicia ambiental no es un lujo conceptual. Es una necesidad práctica.
Porque la contaminación no afecta a todos por igual. Las niñas, los niños, las comunidades con menos acceso a servicios de salud, las personas que viven cerca de sitios contaminados o quienes no tienen herramientas para exigir atención suelen cargar con los costos más pesados. Y muchas veces los cargan en silencio.
El Centro Colaborador de la UASLP desarrolla investigaciones no solo en San Luis Potosí, sino también en estados como Querétaro, Guanajuato, Estado de México, Chiapas y Veracruz, además de colaborar en proyectos internacionales con Brasil. Esa experiencia regional le da peso a la ratificación, pero también aumenta la responsabilidad.
Otro punto relevante es que la Organización Panamericana de la Salud impulsa la creación de la primera Red Latinoamericana de Atención a Emergencias Químicas, integrada por solo cuatro grupos en América Latina, entre ellos el de la UASLP. Si este proyecto avanza, San Luis Potosí podría tener un papel más visible en la respuesta regional ante riesgos químicos y ambientales.
La noticia, entonces, no debería leerse solo como “la UASLP fue reconocida por la OMS”. Eso sería quedarse en la foto oficial.
La lectura más potente es otra: desde San Luis Potosí se está construyendo conocimiento para atender problemas que suelen golpear primero a quienes tienen menos margen para defenderse. Infancias expuestas, comunidades vulnerables, territorios contaminados y emergencias ambientales que ya no pueden tratarse como casos aislados.
Porque cuando la ciencia sale del escritorio y llega a donde la contaminación sí se respira, sí se bebe o sí se padece, el reconocimiento deja de ser adorno y empieza a parecerse a una responsabilidad.
Fuente: Información de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
