Editorial: La ciencia también necesita saber contarse
Los medios se llenaron de política, confrontación y malas noticias. La ciencia quedó demasiado lejos de la conversación pública. Recuperar ese espacio no es tarea solo de comunicadores: también les toca a quienes investigan.
Durante años, la ciencia pareció tener una ruta fija: se investigaba en laboratorios, se discutía en congresos y se publicaba en revistas especializadas. El resto de la sociedad recibía ese conocimiento tarde, fragmentado o traducido por alguien más. Pero ese modelo ya no alcanza. Si la ciencia quiere formar parte de la vida pública, también necesita aprender a contar lo que hace.
Lo planteó el comunicador Héctor Trejo Carbajal, conductor de radio y televisión, durante su participación en la Semana Académica del Instituto de Investigación en Comunicación Óptica de la UASLP: la ciencia necesita salir del laboratorio. No porque el laboratorio esté mal, sino porque el mundo donde vive la gente está en otro lado: en la escuela, en la calle, en el celular, en las redes sociales y en las conversaciones cotidianas.
Los medios tradicionales nos hemos alejado de la divulgación científica, convirtiéndonos en portadores de malas noticias y de temas predominantemente políticos.
— Héctor Trejo Carbajal, W Radio-Global Media MXLa autocrítica es incómoda y necesaria. Los medios tradicionales no se alejaron de la ciencia de un día para otro. Lo hicieron empujados por el ciclo permanente de noticias, por la presión de la inmediatez y por una conversación pública donde la confrontación suele atraer más atención que una investigación científica. El resultado es un paisaje mediático en el que la política domina, la ciencia aparece como tema ocasional y la sociedad pierde, sin notarlo del todo, el hilo que conecta investigación con vida cotidiana.
Divulgar no es simplificar. Es saber a quién le hablas.
Uno de los malentendidos más persistentes sobre la comunicación científica es creer que divulgar significa rebajar. Quitarle rigor a una idea para que “cualquiera la entienda”. Esa visión subestima al público y también subestima la dificultad real de comunicar bien. No se trata de empobrecer el contenido, sino de encontrar el lenguaje, el formato y el canal donde está la persona a quien se quiere llegar.
Trejo Carbajal señaló que las y los investigadores deben buscar coincidir con los jóvenes en sus propios espacios, en lugar de aguardar a que el interés científico aparezca de manera espontánea. Es un cambio de postura que parece menor, pero no lo es: significa aceptar que la comunicación también forma parte del trabajo científico, no como adorno, sino como puente.
El espacio existe. Alguien tiene que ocuparlo.
Existen programas y espacios dedicados a la ciencia, aunque todavía son pocos frente al tamaño del ruido público. La Semana Académica del IICO-UASLP es un ejemplo de esos esfuerzos por abrir la conversación más allá del aula y del laboratorio. Pero la escasez también revela una oportunidad: hay terreno disponible, audiencias sin atender e historias científicas que todavía no encuentran quien las cuente.
La nota sobre el descubrimiento de Echeveria zoquitlanensis, publicada en estos mismos días, muestra lo que pasa cuando la divulgación se toma en serio: una nueva especie, una comunidad oaxaqueña, una infancia campesina y una decisión simbólica de nombrar al mundo. Eso no es simplificación. Es periodismo científico haciendo lo que mejor sabe hacer: encontrar en lo técnico una historia humana.
La ciencia también necesita voz. No como frase bonita para una semana académica, sino como recordatorio urgente: lo que no se cuenta, difícilmente se defiende; lo que no se entiende, rara vez se valora; y lo que no se acerca a la gente, termina pareciendo ajeno aunque le cambie la vida.
Contexto: Esta reflexión se desprende de la charla “Comunicar para transformar: La ciencia también necesita voz”, impartida por Héctor Trejo Carbajal en la XXVI Semana Académica del Instituto de Investigación en Comunicación Óptica de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
