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Durante años, la respuesta institucional a la violencia familiar llegó tarde: cuando el daño ya estaba hecho, cuando había una víctima que atender, una denuncia que procesar o una orden de protección que emitir. El taller “Reflexión y Cambio”, puesto en marcha por el Sistema Municipal DIF de San Luis Capital, apuesta por otro momento de intervención: antes.
El programa está dirigido a hombres mayores de 18 años que se encuentran en una relación y busca, a través de 25 sesiones con enfoque terapéutico, incidir en las conductas y creencias que sostienen la violencia familiar.
Los contenidos incluyen autoconocimiento, gestión emocional, deconstrucción de creencias y construcción de relaciones basadas en el respeto y la responsabilidad. No es un taller de sensibilización de una tarde: son 25 sesiones, con acompañamiento, seguimiento y metodología respaldada académicamente por la Facultad de Psicología de la UASLP y la Jurisdicción Sanitaria No. 1 de los Servicios de Salud del Estado.
Por qué trabajar con hombres
La violencia familiar no se erradica únicamente acompañando a las víctimas. Esa parte es necesaria e irrenunciable, pero insuficiente si no se interviene también con quienes la ejercen. “Reflexión y Cambio” parte de ese diagnóstico: atender solo las consecuencias, sin modificar las conductas que las producen, reproduce el ciclo.
El enfoque en masculinidades —en cómo ciertos modelos de ser hombre normalizan el control, la imposición y la violencia dentro del vínculo de pareja— es hoy una de las rutas más relevantes para la prevención. Que una institución municipal lo adopte con sesiones estructuradas, respaldo universitario y articulación con Seguridad y Justicia Cívica para las canalizaciones representa un paso concreto en esa dirección.
Los facilitadores que condujeron el proceso formativo recibieron constancias acreditadas por la UASLP, lo que apunta a un elemento clave: el programa no debería depender solo de buenas intenciones, sino de metodología, capacitación y seguimiento profesional.
Lo que debe sostenerse y evaluarse
Una acción así vale lo que dura y lo que puede medirse. El taller contempla participación voluntaria, pero también canalizaciones desde instancias como Seguridad y Justicia Cívica, lo que sugiere que habrá usuarios que lleguen por derivación institucional, no solo por decisión propia. Esa combinación puede ser razonable, pero exige que el proceso garantice en todo momento trato digno, profesional y confidencial.
Las preguntas que acompañan cualquier iniciativa de este tipo son legítimas: ¿cuántos hombres participarán en esta primera etapa?, ¿con qué indicadores se medirá si el programa genera cambios reales en la dinámica familiar?, ¿existe un mecanismo para dar seguimiento a los participantes después de concluidas las 25 sesiones?
La efectividad de la reeducación en violencia de pareja no se mide al término del taller, sino meses después, en la vida cotidiana de las familias involucradas.
“Reflexión y Cambio” es una acción necesaria. Que se sostenga en el tiempo, que cuente con presupuesto suficiente para operar de forma continua y que sus resultados sean evaluados con criterios claros y públicos determinará si se convierte en política pública real o en un programa que existió en un boletín.
Porque prevenir la violencia no puede limitarse a reaccionar cuando ya hubo daño. También implica mirar de frente a quienes deben cambiar.
Fuente: Sistema Municipal DIF de San Luis Capital.
