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Rodrigo Jiménez estudió en la UASLP, pasó por prácticas en Nueva York y Ciudad de México, y hoy se prepara para integrarse a Google en California. Su historia también es una lección sobre persistencia en uno de los mercados laborales más competitivos del mundo.
Cuando se habla de trabajar en Google, muchas veces la historia parece sencilla: talento, oportunidad y éxito.
La realidad suele ser bastante más complicada.
Antes de recibir una oferta laboral de una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo, Rodrigo Jiménez Cordero envió solicitudes a cerca de 100 compañías en Estados Unidos.
Solo tres respondieron.
Hoy, el egresado de Ingeniería en Sistemas Inteligentes de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se prepara para integrarse como Software Engineer en Google, donde trabajará en el desarrollo de herramientas destinadas a mejorar la productividad de los equipos de ingeniería de la compañía.
Pero llegar hasta ahí tomó varios años.
Durante su etapa universitaria participó en competencias de programación, impulsó proyectos estudiantiles y aprovechó oportunidades académicas y profesionales fuera del país. También realizó prácticas profesionales en Bloomberg durante los veranos de 2024 y 2025 en Nueva York.
Posteriormente obtuvo una posición como practicante en Google México entre septiembre y diciembre de 2025.
Fue precisamente ese desempeño el que terminó abriendo la puerta más importante de su carrera.
Tras concluir las prácticas y presentar un proyecto desarrollado junto a otros integrantes del programa, recibió una evaluación favorable y meses después llegó la oferta para incorporarse de tiempo completo a la empresa en San José, California.
Para Rodrigo, el proceso también demuestra que el talento por sí solo no siempre es suficiente.
La competencia por un puesto en las grandes empresas tecnológicas es feroz y miles de candidatos de todo el mundo buscan exactamente las mismas oportunidades.
Por eso insiste en que la perseverancia fue tan importante como la preparación académica.
“Aplicar a muchas oportunidades y no rendirse forma parte del proceso”, es una de las lecciones que deja su experiencia.
Además del logro profesional, el ingeniero destaca el papel que tuvieron sus profesores y la comunidad académica de la Facultad de Ingeniería, donde incluso colaboró en la creación de un club de computación para fortalecer las habilidades de estudiantes interesados en programación y competencias tecnológicas.
Su historia también rompe con una idea frecuente entre universitarios: que las oportunidades internacionales están reservadas para estudiantes de grandes ciudades o universidades extranjeras.
Desde San Luis Potosí, Rodrigo construyó una trayectoria que lo llevó primero a Nueva York y ahora a Silicon Valley, uno de los centros tecnológicos más importantes del planeta.
En un contexto donde cada vez más jóvenes buscan abrirse paso en industrias altamente competitivas, casos como este recuerdan que el camino rara vez es directo.
A veces implica decenas de rechazos.
Y precisamente por eso los pocos “sí” terminan teniendo tanto valor.

