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La UASLP será sede de un foro regional donde especialistas analizarán uno de los temas que más inquietan a la educación superior: qué hacer cuando la inteligencia artificial ya llegó a las aulas.
Hace apenas unos años, el debate era si estudiantes y docentes utilizarían herramientas de inteligencia artificial. Hoy la discusión es otra: cómo adaptarse a una tecnología que ya forma parte de la vida académica cotidiana.
En ese contexto, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí será sede del Foro Regional del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), un encuentro que reunirá a investigadores, especialistas y docentes para analizar los desafíos que enfrenta la educación superior ante el avance de la inteligencia artificial.
El evento se realizará los días 14 y 15 de octubre en el Campus Salinas de la Coordinación Académica Región Altiplano Oeste (CARAO) de la UASLP, bajo un tema que refleja una preocupación creciente dentro de las universidades mexicanas: la incorporación de la inteligencia artificial en la educación superior y las transformaciones que está provocando en las instituciones.
La conversación va mucho más allá de herramientas como ChatGPT o los asistentes virtuales.
La verdadera pregunta es cómo deben responder las universidades cuando los estudiantes tienen acceso permanente a tecnologías capaces de redactar textos, resumir investigaciones, generar imágenes, resolver problemas o incluso desarrollar proyectos completos en cuestión de segundos.
Especialistas participantes consideran que ignorar la inteligencia artificial ya no es una opción.
Por el contrario, el reto consiste en encontrar formas responsables de integrarla al aprendizaje sin que sustituya las capacidades críticas, analíticas y creativas de quienes estudian.
Uno de los temas centrales será la gobernanza institucional, es decir, las reglas, políticas y estrategias que deberán adoptar las universidades para enfrentar esta nueva realidad tecnológica.
También se abordarán las prácticas pedagógicas dentro de las aulas y el impacto que estas herramientas tendrán en la investigación educativa durante los próximos años.
Para los especialistas, la discusión no debe centrarse únicamente en los riesgos.
La inteligencia artificial también puede liberar tiempo de tareas repetitivas, facilitar procesos de aprendizaje personalizados y fortalecer habilidades que antes requerían una gran cantidad de recursos.
Sin embargo, existe una preocupación legítima: que la tecnología termine sustituyendo procesos fundamentales de razonamiento y reflexión.
Por ello, uno de los consensos que comienza a surgir en el ámbito académico es que el papel del docente será todavía más importante.
Ya no solo como transmisor de información, sino como guía capaz de enseñar a utilizar estas herramientas con criterio, ética y pensamiento crítico.
Además de paneles de discusión, el foro incluirá talleres especializados sobre inteligencia artificial aplicada a la educación, ciencia abierta y diseño de actividades académicas apoyadas por estas tecnologías.
Participarán instituciones de distintos estados del país, así como organismos dedicados a la investigación educativa, con el objetivo de construir propuestas que permitan aprovechar las ventajas de la inteligencia artificial sin perder de vista sus implicaciones académicas y sociales.
Porque la pregunta ya no es si la inteligencia artificial llegará a las universidades.
La pregunta es qué tan preparadas están las universidades para convivir con ella.

