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De estudiar los incendios en la Sierra de San Miguelito a protegerla todos los días
Mientras muchas personas recuerdan los incendios que golpearon la Sierra de San Miguelito en 2019 como una de las peores heridas ambientales recientes de San Luis Potosí, para Diego Eduardo Guerrero Vallejo aquella tragedia terminó convirtiéndose en el punto de partida de una vocación profesional.
Hoy, el egresado de Ingeniería Ambiental de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí trabaja directamente en la conservación de áreas naturales protegidas y participa en proyectos para proteger uno de los ecosistemas más importantes del estado.
La historia comenzó durante su etapa universitaria, cuando desarrolló una investigación sobre la recuperación de zonas afectadas por los incendios ocurridos en la Sierra de San Miguelito. Lo que inicialmente era un proyecto académico terminó transformándose en una ruta profesional vinculada al cuidado del territorio.
“Así como la sierra tuvo la capacidad de recuperarse de los incendios, yo también aprendí sobre la resiliencia”, recordó el profesionista.
A partir de ese trabajo se incorporó a proyectos de conservación impulsados por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), primero en la Reserva de la Biosfera Islas Marías y posteriormente en la propia Sierra de San Miguelito, donde actualmente participa en labores de restauración ecológica y protección ambiental.
Más allá de la imagen turística o paisajística, la Sierra de San Miguelito representa una de las principales reservas ambientales de la región. Su conservación impacta directamente en la biodiversidad, la captación de agua y el equilibrio ecológico de una zona donde la expansión urbana y los incendios han generado presión constante durante años.
Actualmente, Guerrero Vallejo trabaja en proyectos relacionados con conservación de suelos, restauración de ecosistemas, captación de agua, monitoreo biológico, prevención de incendios y protección de especies emblemáticas.
También participa en actividades de educación ambiental dirigidas a niñas, niños, jóvenes y comunidades locales, bajo la idea de que la conservación no puede depender únicamente de especialistas o autoridades.
Para el ingeniero potosino, una de las mayores satisfacciones de su trabajo es regresar a las comunidades parte del conocimiento adquirido durante su formación profesional.
“El conocimiento no sirve de nada si no se comparte”, señaló.
Su historia también rompe con una idea frecuente entre estudiantes que consideran que la Ingeniería Ambiental se limita al trabajo industrial o de laboratorio. En su caso, la profesión lo llevó al trabajo de campo, a la conservación de ecosistemas y al contacto directo con comunidades que participan en la protección del territorio.
En un contexto donde los efectos del cambio climático, los incendios forestales y la presión urbana representan desafíos crecientes para San Luis Potosí, historias como esta recuerdan que detrás de los proyectos de conservación también existen personas que decidieron convertir una preocupación ambiental en una forma de vida.
Proteger la Sierra de San Miguelito no depende únicamente de decretos o discursos. También depende de quienes están ahí, todos los días, trabajando para que siga existiendo.

