Color Zaragoza busca intervenir el Pasaje Zaragoza con arte urbano y muralismo. La idea suena bien: convertir un espacio de paso en un punto con identidad. La pregunta es si será apropiación cultural real o solo una postal bonita para la foto.
Redacción SondaRed · San Luis Potosí · Mayo 2025
Color Zaragoza pone sobre la mesa una conversación que va más allá de pintar un muro: ¿qué hacemos con esos espacios del Centro Histórico que todos atraviesan, pero casi nadie mira?
El Pasaje Zaragoza, en el corazón de San Luis Potosí, ha funcionado durante años como eso: un corredor, un atajo, una ruta rápida entre un punto y otro. Un lugar por donde se pasa, no necesariamente donde alguien se queda. La convocatoria busca cambiar esa lógica mediante una intervención visual con artistas urbanos, muralistas y creativos.
La iniciativa forma parte del programa Expresión Capital y pretende darle color, identidad y vida a este espacio del Centro Histórico. En papel, la intención tiene sentido: una ciudad caminable no se construye solo con banquetas y luminarias, también con lugares que inviten a detenerse, mirar, reconocer y habitar.
La lectura SondaRed: un mural puede cambiar cómo se mira un lugar. Pero si no hay mantenimiento, diálogo con artistas y cuidado del espacio, el color termina siendo maquillaje urbano con fecha de caducidad.
Arte urbano como herramienta, no como adorno
La diferencia entre una intervención cultural y una decoración institucional está en el fondo. Pintar un muro puede verse bien en redes, claro. Pero el arte urbano no debería usarse solo para tapar deterioro, llenar una agenda o producir una imagen amable del Centro Histórico.
Cuando se toma en serio, el muralismo urbano funciona como conversación pública. Habla de identidad, memoria, juventud, territorio, comunidad y derecho a habitar la ciudad. También puede incomodar, señalar, reinterpretar y darle voz visual a quienes normalmente no aparecen en los discursos oficiales.
Por eso Color Zaragoza tiene potencial si se entiende como una oportunidad para abrir el espacio a artistas con lenguaje propio, no como una convocatoria para pintar bonito sin molestar a nadie. El arte urbano domesticado pierde fuerza. El arte urbano acompañado, cuidado y respetado puede transformar la manera en que se vive un lugar.
SondaRed dice: el arte urbano no debería ser visto como “rayón” cuando incomoda y como “rescate cultural” cuando sirve para la foto. La ciudad no puede querer color sin aceptar también mirada crítica.
La elección del Pasaje Zaragoza tampoco es menor. El Centro Histórico de San Luis Potosí concentra historia, comercio, turismo, abandono intermitente, tránsito peatonal y una fuerte carga simbólica. En ese contexto, cualquier intervención visual dialoga con algo más grande que una pared: dialoga con la forma en que la ciudad decide qué espacios cuida, cuáles ignora y cuáles recuerda solo cuando hay programa público.
Si la intervención se hace bien, puede generar apropiación ciudadana. Que comerciantes, visitantes, vecinos y peatones reconozcan el pasaje de otra manera. Que el lugar deje de ser solo tránsito y se convierta en punto de referencia. Que alguien se detenga, tome una foto, pregunte por el artista, vuelva a pasar por ahí o simplemente sienta que ese espacio también tiene vida.
En corto
- Qué es: una convocatoria para intervenir visualmente el Pasaje Zaragoza.
- Quiénes pueden participar: artistas urbanos, muralistas y creativos visuales.
- Dónde: en el Centro Histórico de San Luis Potosí.
- Programa: forma parte de Expresión Capital.
- El reto: que no sea solo decoración, sino apropiación real del espacio público.
La ciudad caminable también necesita razones para quedarse
En los últimos años, hablar del Centro Histórico suele llevarnos a banquetas, alumbrado, movilidad, comercio informal, seguridad y mantenimiento. Todo eso importa. Pero hay otro elemento que a veces se trata como accesorio: la experiencia visual y emocional del espacio.
Una calle puede estar limpia y aun así sentirse fría. Un pasaje puede estar abierto y aun así parecer abandonado. Una zona puede tener tránsito peatonal y, aun así, no generar pertenencia. Ahí es donde el arte público puede hacer una diferencia: no sustituye servicios, pero puede activar la mirada.
El riesgo está en exagerar. Un mural no resuelve por sí solo problemas de seguridad, limpieza, iluminación o mantenimiento. No convierte automáticamente un espacio en destino cultural ni garantiza que la zona se recupere. Lo que sí puede hacer es iniciar una conversación, sumar identidad y darle una nueva lectura a un lugar que ya existía, pero que quizá estaba pasando inadvertido.
Lo que puede abrir
- Más visibilidad para artistas urbanos locales.
- Nueva identidad visual para el Pasaje Zaragoza.
- Mayor apropiación ciudadana del espacio público.
- Un Centro Histórico menos postal y más vivido.
Lo que debe cuidarse
- Que haya condiciones claras para participantes.
- Que el arte urbano no se vuelva decoración domesticada.
- Que exista mantenimiento después de la intervención.
- Que el espacio no se use solo como escenario de arranque.
También es importante mirar a quién convoca esta iniciativa. Los artistas urbanos y muralistas de San Luis Potosí no necesitan únicamente muros disponibles: necesitan procesos claros, respeto por su trabajo, criterios de selección transparentes y condiciones dignas de participación.
Porque si el proyecto pide talento, tiempo, materiales, propuesta visual y presencia pública, la pregunta sobre apoyos, pagos o recursos no es secundaria. La exposición puede ayudar, sí, pero la exposición no compra pintura, no paga transporte y no sostiene trayectorias creativas. Ese punto merece decirse sin arruinar la fiesta: el arte también es trabajo.
En una ciudad con una comunidad creativa activa, abrir convocatorias para intervenir espacios públicos puede ser una buena señal. Pero la buena intención debe venir acompañada de reglas claras. ¿Cómo se seleccionarán las propuestas? ¿Habrá acompañamiento técnico? ¿Se respetará el lenguaje de los artistas? ¿Quién dará mantenimiento a las piezas? ¿Cómo se integrará a comerciantes y usuarios del pasaje?
Preguntas necesarias
- ¿Cómo se seleccionarán los artistas participantes?
- ¿Habrá pago, apoyo económico o solo exposición?
- ¿Qué criterios visuales, culturales o patrimoniales se tomarán en cuenta?
- ¿Quién dará mantenimiento a los murales después de la intervención?
- ¿Se dialogará con comerciantes, vecinos y usuarios del Pasaje Zaragoza?
Nada de esto invalida la convocatoria. Al contrario: la vuelve más interesante. Una iniciativa cultural que puede responder estas preguntas tiene más posibilidades de pasar de “evento bonito” a intervención con sentido.
Color Zaragoza puede ser una oportunidad para que el Centro Histórico se vea menos rígido, menos abandonado y más conectado con las expresiones creativas que ya existen en la ciudad. Pero para lograrlo, el color debe venir acompañado de algo más que entusiasmo: continuidad, cuidado y respeto por quienes van a poner la mirada, la técnica y la mano sobre el muro.
Si el Pasaje Zaragoza logra dejar de ser un simple atajo y empieza a funcionar como punto de encuentro, la convocatoria habrá hecho algo más que pintar paredes. Habrá recordado que la ciudad también se construye con símbolos, memoria visual y espacios que invitan a quedarse.
El reto no es llenar el Pasaje Zaragoza de color. El reto es que ese color no termine siendo una capa bonita sobre el mismo abandono de siempre.
Fuente: información base sobre la convocatoria Color Zaragoza y el programa Expresión Capital.

